Terapia asistida con perros en la Residència Santa Maria del Tura: vínculos de conexión, ternura y emoción

Desde hace unos siete años, en la Residència Santa Maria del Tura realizamos Terapia Asistida con Perros, un espacio de conexión, serenidad y bienestar para muchas personas residentes.
Al frente de este trabajo está Jordi Marin, fundador de TAG Garrotxa, un profesional riguroso, sensible y comprometido tanto con el acompañamiento terapéutico de las personas como con el cuidado de los animales. Aquí, su equipo canino, sus “compañeros de trabajo”, como él mismo los denomina, está formado por Blat, un labrador afectuoso y atento, y Coco, un caniche que, en el Tura, ya forma parte del paisaje emocional del Centro. Dos perros que enamoran.
La educadora social de la Residencia. Carmen Pardo, fue una de las primeras profesionales en confiar en este tipo de intervención. Su mirada cotidiana y cercana hacia las personas residentes le permite detectar durante estas sesiones de terapia asistida con perros cambios que, a veces, parecen pequeños, pero que tienen una enorme relevancia: “Hay personas que no participan en ninguna otra actividad, sin embargo, cuando aparecen los perros, algo se enciende: se despiertan, conectan”.
Las sesiones se desarrollan una vez a la semana. En los grupos de personas más dependientes, el inicio suele ser discreto. La intervención es entre personas que están con una actitud de sueño, desorientadas o con mínima respuesta. Ante la presencia tranquila de los perros, de repente puede ocurrir algo: una mirada que se alza, una mano que se mueve, un rostro que cambia. En ocasiones, la simple presencia del pequeño y tierno Coco sobre el regazo basta para disminuir el nivel de ansiedad. Para el equipo, estos momentos valen oro.
En los grupos de personas con un nivel de dependencia más elevado, la intervención se realiza principalmente de forma individualizada. Las sesiones se centran en objetivos terapéuticos concretos, como la estimulación cognitiva, el entrenamiento en motricidad fina, la orientación a la realidad o ejercicios funcionales adaptados a cada persona.
En cambio, con las personas con menor grado de dependencia, las actividades pueden desarrollarse en formato grupal y orientarse a objetivos más específicos, como el trabajo de la memoria, la atención sostenida, las habilidades sociales o la promoción de la autonomía en las actividades de la vida diaria.
En general, la Terapia Asistida con Perros en la Residencia permite trabajar:
- Movilidad y equilibrio
- Ansiedad e inquietud
- Atención, memoria y lenguaje
- Expresión emocional
- Motivación e interacción social
En personas con demencias avanzadas, el perro se convierte a menudo en la llave que abre un instante de presencia: un contacto, un gesto suave, una sonrisa inesperada.
Un trabajo intenso, preciso y cargado de humanidad
Jordi Marin actúa como una especie de “director de orquesta”, que coordina al mismo tiempo las respuestas de las personas a los estímulos, el comportamiento del perro, los imprevistos que surgen y las emociones que emergen.
Es un trabajo intenso y muy exigente, que requiere sensibilidad constante y una lectura fina del entorno. Al terminar cada sesión, confiesa que sale “vacío de energía, pero con una gran satisfacción”. Lo da todo en cada intervención. En algunas sesiones siente que quizá no se han conseguido todos los objetivos… Una percepción cambia cuando revisa las fotografías del programa: allí aparecen detalles que durante la dinámica pasan desapercibidos, pero que revelan el impacto real de la terapia.
El entrenamiento de los perros: primero la calma, luego las habilidades
Jordi Marin trabaja con los perros en dos planos fundamentales:
• Socialización y desensibilización
Es el proceso más complejo y largo. Los animales deben sentirse seguros en cualquier entorno: residencias, centros con perfiles de alta complejidad, personas con trastornos graves, espacios ruidosos, situaciones inesperadas. Necesitan mantenerse tranquilos ante estímulos variados y adaptarse sin estrés.
• Habilidades específicas
Traer objetos, girar, realizar pequeñas acciones que facilitan la interacción con la persona. En comparación con la socialización, Jordi reconoce que esta parte es la más sencilla.
Además, se respetan estrictamente los turnos de trabajo de los perros, cuidando su bienestar y evitando la sobreexposición.
La colaboración con los profesionales del Centro
El éxito de la terapia asistida con perros en la Residència Santa Maria del Tura se basa en una coordinación estrecha entre el equipo profesional del Centro, con una importancia destacada de la educadora social, Carmen Pardo, y el especialista Jordi Marin. Las profesionales de la Residencia aportan una mirada experta y el conocimiento profundo de cada persona residente, identificando necesidades, capacidades y objetivos terapéuticos que permiten ajustar cada sesión con precisión.
La experiencia de Jordi Marin incorpora técnica, sensibilidad y capacidad para interpretar el comportamiento del animal y de las personas. Cada sesión requiere una atención constante a los detalles y una gestión del vínculo humano‑animal. Que él nos recuerda que es ancestral, que existe desde hace miles de años, y que se da de una forma natural.
Su contribución añade un valor significativo: pone al servicio de esta intervención a unos seres muy queridos por su parte. Un gesto de auténtica generosidad personal, que repercute en la calidad y el impacto terapéutico de este programa.
Con un perro al lado, muchas cosas se desbloquean. “El perro es un gran facilitador de las relaciones humanas”, concluye Marin, quien asegura que, incluso después de una década de trabajo, nunca deja de sorprenderse. De la inteligencia y la actitud de los perros, de la honestidad de sus reacciones, y de las pequeñas transformaciones que suceden en estas sesiones tan especiales.





