Años atrás, cuando nuestros residentes eran más jóvenes, no habían oído ni mencionar uno de estos términos: el estrés.
El estrés es la respuesta automática y natural de nuestro cuerpo ante situaciones que nos resultan amenazantes o desafiantes. Pero también es la activación de nuestro organismo cuando se está adaptando a situaciones de cambio. Por lo tanto, no todo estrés es negativo para la persona. Está claro que un cierto nivel de activación y de alerta es necesario para enfrentarse a situaciones del día a día.
Pero el estrés, no tan sólo es consecuencia de circunstancias externas a nosotros, sino que es un proceso en el que también intervienen nuestros pensamientos e ideas, nuestro modo de ver y afrontar el mundo, nuestras emociones y sentimientos y las respuestas físicas de nuestro cuerpo.
Pero, ¿cuando aparece el estrés? Pues aparece cuando las demandas externas hacen que nuestra respuesta física y emocional se perlongue y se intensifique en el tiempo, y cuando nuestras estrategias para enfrentarnos a las situaciones que se nos presentan no son válidas o suficientes.
Es en este punto cuando puede aparecer un nivel de estrés que perjudique a las diferentes áreas de nuestra vida (salud, emociones, relaciones personales...).






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